La Inmaculada Concepción
Por una gracia singular de Dios y en atención a los méritos de Cristo, María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción. La tradición identifica a sus padres como san Joaquín y santa Ana.
De Nazaret a la gloria del cielo: diez capítulos para conocer su respuesta al amor de Dios.
Por una gracia singular de Dios y en atención a los méritos de Cristo, María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción. La tradición identifica a sus padres como san Joaquín y santa Ana.
La tradición relata que María fue presentada en el Templo durante su infancia y consagrada a Dios. Este episodio expresa su entrega y preparación para su vocación.
En Nazaret, el ángel Gabriel anunció a María que sería la madre de Jesús. Con su respuesta —«Hágase en mí según tu palabra»— acogió el proyecto de Dios. El Verbo se hizo carne en su seno.
María visitó a su pariente Isabel, que la proclamó bendita entre las mujeres. Su respuesta, el Magníficat, canta la misericordia de Dios y su amor por los humildes.
En Belén, María dio a luz al Hijo de Dios. Los pastores acudieron a adorarlo y los magos le ofrecieron sus dones. María guardaba estos acontecimientos y los meditaba en su corazón.
Advertido en sueños, José llevó a María y al Niño a Egipto para protegerlo de Herodes. Después, la familia se estableció en Nazaret, donde Jesús creció en la vida cotidiana de su hogar.
En Caná, María presentó a Jesús la necesidad de los esposos: «No tienen vino». A los servidores les dijo: «Hagan lo que él les diga». Su intercesión acompaña el primer signo de Jesús narrado por san Juan.
María permaneció junto a la cruz mientras moría su Hijo. Jesús la confió al discípulo amado: «Ahí tienes a tu madre». La Iglesia reconoce en esta escena su maternidad espiritual.
Los Hechos de los Apóstoles presentan a María perseverando en la oración con los discípulos antes de Pentecostés. Su presencia acompaña a la comunidad que espera al Espíritu Santo.
Al término de su vida terrena, María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Su Asunción manifiesta la esperanza de la resurrección y la plenitud de la salvación en Cristo.