Saltar al contenido
Virgen María
Sacratissimum Rosarium

El Santo Rosario

Una escuela de contemplación para mirar la vida de Cristo con los ojos y el corazón de María.

Rosario azul con un crucifijo plateado
¿Por qué rezarlo?

El Evangelio entre las cuentas

El Rosario es una oración contemplativa: el ritmo de las avemarías acompaña la meditación de los misterios de Cristo. Desde la Anunciación hasta la coronación de María, sus veinte misterios recorren la historia de la salvación.

La tradición vincula su difusión a santo Domingo. Su forma se desarrolló a lo largo de los siglos; en Fátima se invitó a rezarlo diariamente por la paz.

Contemplamos a Cristo y confiamos nuestras necesidades a la intercesión de su Madre.
Los veinte misterios

Una meditación para cada día

Misterios gozosos

Lunes y sábado
  1. La Anunciación
  2. La Visitación
  3. El nacimiento de Jesús
  4. La Presentación de Jesús en el Templo
  5. Jesús perdido y hallado en el Templo

Misterios luminosos

Jueves
  1. El Bautismo de Jesús
  2. Las bodas de Caná
  3. El anuncio del Reino de Dios
  4. La Transfiguración
  5. La institución de la Eucaristía

Misterios dolorosos

Martes y viernes
  1. La oración de Jesús en el huerto
  2. La flagelación
  3. La coronación de espinas
  4. Jesús con la cruz a cuestas
  5. La crucifixión y muerte de Jesús

Misterios gloriosos

Miércoles y domingo
  1. La Resurrección
  2. La Ascensión
  3. La venida del Espíritu Santo
  4. La Asunción de María
  5. La coronación de María
Cómo rezarlo

Un ritmo sencillo

  1. Comienza con la señal de la cruz y reza el Credo ante el crucifijo.
  2. Reza un padrenuestro en la primera cuenta grande.
  3. Reza tres avemarías por la fe, la esperanza y la caridad.
  4. Reza el gloria y anuncia el primer misterio.
  5. En cada decena: un padrenuestro, diez avemarías mientras meditas el misterio, un gloria y, si lo deseas, la oración de Fátima.
  6. Después de cinco decenas, termina con la Salve y la señal de la cruz.
Ave María

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.